La magia blanca

Cuando se habla de magia es común distinguir entre magia blanca y magia negra. Aunque desafortunadamente muchas veces la magia negra parece tener más protagonismo, lo cierto es que la magia blanca fue la primera en surgir.

En civilizaciones tan antiguas como el Egipto de los Faraones o en el Imperio Romano, existían hombres con un gran poder a los que se consideraba personas de alto estatus y que eran frecuentemente consultados por los poderosos para que les aconsejaran a la hora de tomar decisiones importantes. Por su importancia a lo largo de la historia y su capacidad para hacer surgir o cambiar ciertas situaciones, estos individuos han sido considerados magos, aunque en otras culturas es común que este tipo de personas sean denominadas con otros nombres como chamanes o hechiceros.

La magia blanca puede definirse como aquella que se mueve al mismo ritmo que las corrientes naturales del mundo. Esta energía es aprovechada por los magos blancos para conseguir sus propósitos, que siempre son puros.

De un mal uso de la magia blanca surgió la magia negra, al utilizar la energía presente en la naturaleza para intentar conseguir propósitos oscuros o inadecuados.

Aunque no son muy conocidas para los legos en la materia, también puede hablarse de otros tipos de magias como la roja o la astral. Conviene aquí matizar que en realidad sólo existen dos tipos de magia: blanca o negra, el resto de tipos de magia de los que se habla son en realidad subtipos que pueden encuadrarse dentro de la magia blanca o negra.

Entre los subtipos de magia más populares podemos destacar la magia roja, que hace referencia a aquella magia cuyo objetivo es manipular el amor y la magia verde, cuya principal intención es alterar el estado de salud de una persona.

La magia blanca
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